Tuesday, October 02, 2007

Volver a los 17

Antes, los papás de uno se preocupaban porque uno se quedaba mucho rato en la casa. Sobre todo si estaba con la polola y el pololo y más aún si se quedaba en la pieza. Ahora, todos sabemos que los padres se sienten súper felices porque los hijos se quedan en la casa, jugando con sus consolas, chateando. El pololo ola polola no son un problema, porque también están chateando en sus casas.

No vengamos entonces a asombrarnos por lo que hacen algunos adolescentes con sus genitales, bocas y celulares cuando están en espacios públicos. De tanto abandono en que han caído, ahora sirven para portarse mal a escondidas. Los cabros se encuentran en un parque y ya están emulando a Clinton y Mónica en el saló Oral... perdón, Oval.

Es otro resultado de la obsesión con la seguridad. Los cabros tienen que portarse mal para pasarlo bien. Y como en la casa ya los domesticaron, se portan mal en la calle.

Ahora, no sé ustedes, pero de repente me dan ganas de volver a los 17, como decía Violenta Parra. Antes había que bailar lentos como media hora para apenas dar un beso. Ahora, en la mitad de un reggaeton ya puedes estar conociendo a tu pareja en el sentido bíblico del término.

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