Friday, March 16, 2007

Manual de etiqueta

Ronda entre algunos parlamentarios la idea de etiquetar el copete con la advertencia de que su consumo excesivo hace mal. La idea es complicada porque, si se etiqueta el vino, también habría que poner que su consumo moderado hace bien.

Lo que sí tiene cierto sentido es la idea de etiquetar. Si etiquetáramos la realidad entera, tendríamos una vida mucho más sencilla.

El metro podría tener grandes letreros o etiquetas que advirtieran a hipertensos y cardíacos que las congestiones de sus carros y estaciones pueden matarlos, explicando de paso las bondades de Transantiago.

La comida chatarra podría tener etiquetas y fotos de gente desbordada por las charchas en cada papa frita, en cada bombilla, en cada rebanada de pan. Los gimnasios podrían tener advertencias que digan “no hacemos milagros” o “para tener el cuerpo de Madonna tendrías que volver a nacer... y ser Madonna”.

Los colegios privados podrían crear etiquetas que digan “educación bilingüe y muchos contactos útiles si no eres muy brillantes”. Los subvencionados y municipales deberían rezar en su entrada algo así como “Escuela Rosalía Carrildo Muñoz, cruzando los dedos por tu futuro”.

La gente podría ponerse etiquetas a sí misma para evitar decepciones en los demás: “tengo mal aliento”, “soy impotente”, “soy calentona, pero bruja”, “estoy enamorado de mi mamá”, “soy pasivo agresivo”, “soy fálica”, “traiciono por plata”.

El mismo gobierno podría poner una patriótica etiqueta de cobre en los podios de sus actos oficiales con una leyenda que bien podría ser nuestro nuevo lema: “es lo que hay”.

1 Comments:

Blogger Ivana said...

Jua jua jua!

Realmente impactante eso de etiquetar a la gente.

Pasa cuando conoce a alguien que le interesa, y quiere conocerlo mientras lee el manual de instrucciones.

¿No será que la inmediatez nos vuelve impacientes del todo?

La hiperinformación nos vuelve hiper-ansiosos de no tener ni controlarlo todo.

Saludos mil, me encanta tu blog!

March 19, 2007  

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