Friday, July 14, 2006

El trabajo, manual de sobrevivencia

(Publicado originalmente por Sergio Fortuño en www.sergiofortuno.blogspot.com)

Desde siempre he sido parte de ese porcentaje de chilenos, hoy sobre el 50%, que tiene miedo a perder el trabajo. Mi razón para ese temor es muy sencilla. El primer requisito para perder el trabajo es, simplemente, tenerlo (también hay una visión optimista asociada a este razonamiento: el primer requisito para encontrar trabajo es no tenerlo).

Pese a esto, desde que comenzó mi vida laboral, nunca he estado cesante. La única vez que fui finiquitado fue porque se cerró el medio donde trabajaba, pero al mes siguiente ya estaba recibiendo sueldo en otro lado. Nunca he confiado mucho en mis capacidades y tengo una conciencia acabada de la extensa lista de errores que he cometido a lo largo de los años. También soy bastante flojo y nulo para cultivar contactos. Así que mi eficiencia, mi responsabilidad o mi talento no explican mi continuidad de empleo.

He llegado a la conclusión de que lo que permite la permanencia laboral es sólo un conjunto de hábitos y conductas que no tienen que ver con las aptitudes individuales. Para mí ha funcionado. Aquí, una lista:
  • Decir que sí: Aunque estés en desacuerdo o creas que la respuesta adecuada es un "no", plantéalo en positivo. "Tu idea me parece magnífica, yo la complementaría con lo siguiente... (ese complemento, por cierto, es totalmente contradictorio con la idea original)". Esto funciona especialmente hablando con superiores jerárquicos.
  • Decir que no: Esto funciona con subalternos. A veces te plantean cosas que no te parecen. Entonces, aunque existn dudas, hay que decir que no, sin mediar explicación. La idea es proyectar decisión y firmeza. Si alguien te quiere plantear algo que realmente le importa, va a volver hacerlo con mayor preparación después de una negativa. Es una buena manera de discriminar a qué dedicarle tiempo y a qué no.
  • Ser puntual: En nuestro país, donde se enseñorea la impuntualidad, el sencillo acto de llegar a la hora queda revestido de un aura de responsabilidad extra. La puntualidad te otorga cierta superioridad, pero es importante no pavonearse con esto. Cuando alguien pide perdón por no haber llegado a la hora, uno, que ha sido puntual, debe responder "no hay problema". De ese modo, incluso aparecerá haciendo un favor.
  • Postergar la satisfacción: Cuando uno tiene que buscar respuestas o soluciones, puede ver qué tan posible es demorar la entrega de resultados. A veces, la espera de quien aguarda algo incrementa la necesidad, con lo que una respuesta tardía proporciona una satisfacción mayor que una temprana. Claro que hay que ser cuidadoso con esto. Nadie espera para siempre. Se requiere detectar bien cuáles son los márgenes para maniobrar.
  • Lo difícil es fácil y viceversa: Cualquier cosa que a uno le encomienden o que uno vaya a encomendar puede ser situada en un punto de la escala fácil/difícil. Esta distinción del grado de dificultad de una labor nunca puede ser explicitada claramente. Hay que hacer que lo fácil parezca difícil y lo difícil, fácil. La ambigüedad en esta distinción permite justificar mejor los errores y magnificar los aciertos.
  • Escenificar para flojear: Siempre hay que hacer cosas lateras que uno preferiría evitar. Si son asuntos por los cuales hay que responder ante alguien, de todos modos cabe la posibilidad de ahorrarse la molestia. Pero es necesario tener en mente el escenario que debemos exponer cuando se nos pidan cuentas por lo que no hemos hecho y estar preparados para actuar de acuerdo a ese escenario. Ejemplo: "no, no me he reunido con los inversionistas japoneses, porque encontré una buena oportunidad en un fondo de inversiones australiano". En ese caso, se debe tener en cuenta que una de las dos afirmaciones debe ser cierta. Porque de todos modos habrá que juntarse con los japoneses o tener a mano a los australianos. El corolario de esto es que las cosas fomes no se pueden evitar, pero sí manejar y dilatar para que no nos amarguen tanto la vida.
  • Usar la mentira como bien escaso: Muchas veces he tenido que justificar fallas o incumplimientos. En la mayoría de los casos he preferido decir la verdad: "se me olvidó", "me quedé dormido", "no sé". Inventar justificaciones es más complejo y muchas veces la honestidad se valora positivamente por sí misma (no importa si se dice algo muy terrible mientras sea honestamente). Llegado el momento en que la verdad no soluciona el problema, hay que tener una buena coartada. No se trata sólo de inventar un cuento, hay que crear un mundo relacionado. Si se invoca una consulta médica que no existió, es una mala movida, porque no habrá boletas médicas ni bonos de isapre que respalden la historia. Así que esto, sólo como último recurso.

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